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domingo, 25 de diciembre de 2011

Los dientes




El año pasado se me cayó uno, este año otro.
Seis o siete cayeron en poco tiempo,
y la caída no parece detenerse.
Los que me restan todos se tambalean,
y seguirán tambaleándose hasta caer.
Cuando perdí el primero, recuerdo,
pensaba sobre todo en el qué dirán.
Luego de dos o tres comencé
a preocuparme por la vejez y la muerte:
cada vez que uno estaba por caer
un gran miedo se apoderaba de mí.
Es difícil masticar con tantos huecos,
y al hacer gárgaras puede escapar el agua.
Al final todos terminan por caer,
como un derrumbe en una montaña.
Ahora ya me acostumbré a las caídas,
nunca me sorprenden ni me afectan.
Todavía me quedan veinte dientes,
que irán cayendo uno atrás de otro.
Si cada año cae uno, tengo para dos décadas.
Que caigan todos a la vez, sin embargo,
o poco a poco, en nada me cambia.
La gente dice: cuando los dientes caen,
significa que el final está cerca.
Yo digo: toda vida tiene un límite;
más temprano o más tarde, la muerte espera.
La gente dice: una boca desdentada es un espanto.
Yo digo lo que Zhuangzi dijo: también
el árbol inútil y el ganso tienen sus ventajas.
Así, quedarse en silencio es mejor que hablar,
y la comida blanda tiene su gusto!
Y puedo cantar cuando quiera y hacer este poema,
para sorprender a mi esposa e hijos.


Han Yu (768 - 824)

1 comentario:

  1. Valió la pena gastar 18 pesos en el Diario de poesía porque la carambola nos llevó a tu blog que estamos degustando, maravilla mediante, con los mates del domingo. Gracias. Viviana y Fabián.

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