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lunes, 11 de mayo de 2015

Las palabras del águila (II)



II. Acerca de la soledad, es decir del deseo insatisfecho


13. La luna estimula la pasión, la cebolla estimula la libido, las plantas medicinales estimulan el deseo de enfermedad, las llamas el deseo de muerte. En cuanto al deseo de comer no sé si nace de mí o de los parásitos dentro de mi estómago. En cuanto a los parásitos de mi estómago, ignoro si forman parte de mi conciencia vital.

14. Frente al deseo incluso el emperador debe pararse derecho. Bajo el dominio del deseo hasta el tonto ha de mostrarse inteligente. Aún si no tenés ni idea de qué es lo que se esfuma en el viento, sabés que tu deseo tiene las manos vacías: así atravesás el umbral de la soledad.

15. O para probar tu resistencia abandonás tu hogar. Pero cuando te cansás de las privaciones y querés recuperar tu dicha descubrís que los ratones ya han levantado su sistema en medio de tu casa: así atravesás el umbral de la soledad.

16. O dudás cada día más de vos mismo y empezás a castigarte ciegamente. Esto es exactamente como si plantaras con tus propias manos un manzano escuálido pero te desmayara el golpe de una manzana madura (la manzana te ha confundido con Newton): así atravesás el umbral de la soledad.

17. O utilizás una voz falsa para rogarle a un mundo falso. Una de dos: o vos estás equivocado, o el mundo está equivocado. Te forzás hasta quedar con la cara roja y sin palabras, y es en ese momento que la sinceridad aparece: así atravesás el umbral de la soledad.

18. O creás una misión y trabajás en pos de esta como un trabajador subterráneo. Pero esta misión termina por amenazar tu vida: así atravesás el umbral de la soledad.

19. La soledad: laberinto personal. Dentro de este laberinto las plantas dan flores pero no lo hacen para seducir ni para vender (otro es su objetivo). Las plantas dan frutos pero no se las ve dar gritos, no se las ve bailar (¿cómo se reconoce ese goce interno?).

20. Criás un pájaro y convertís el laberinto en una jaula. Crías un perro y transformás el laberinto en una cucha. En el momento mismo en que negás ser un pájaro estás discutiendo con un pájaro. En el momento en que negás ser un perro ladrás igual que un perro.

21. Solitario aventurero: ¿te duelen todavía las hemorroides? Este dolor es para advertirnos que el tiempo no es en absoluto imaginario: que es el ritmo de la corriente sanguínea, la aceleración del motor, el frote entre la esposa y el esposo, la erosión de la mente. Un aplauso largo y incesante alienta al solitario a seguir su deslizamiento sobre el hielo peligroso.

22. Por perderte una cena te encontraste con una pelea. Por no convertirte en santo te emborrachaste perdidamente en una esquina. Cantás, y los demás piensan que estás aullando. Pedís, y terminás sacrificando tu propia persona. Una persona que te perseguía termina cayendo con vos en la misma trampa.

23. La soledad es voluminosa.

24. El laberinto de la soledad está repleto hasta reventar.


25. ¿Querés o no querés leer este mapa? La pena es la primera encrucijada: un camino lleva hacia la canción, otro camino lleva hacia el desconcierto. El desconcierto es la segunda encrucijada: un camino lleva hacia el placer, otro camino lleva hacia el vacío. El vacío es la tercera encrucijada: un camino lleva hacia la muerte, otro camino hacia la iluminación. La iluminación es la cuarta encrucijada: un camino lleva hacia la locura, otro camino lleva hacia el silencio. 


Xi Chuan

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