domingo 25 de diciembre de 2011

Los dientes




El año pasado se me cayó uno, este año otro.
Seis o siete cayeron en poco tiempo,
y la caída no parece detenerse.
Los que me restan todos se tambalean,
y seguirán tambaleándose hasta caer.
Cuando perdí el primero, recuerdo,
pensaba sobre todo en el qué dirán.
Luego de dos o tres comencé
a preocuparme por la vejez y la muerte:
cada vez que uno estaba por caer
un gran miedo se apoderaba de mí.
Es difícil masticar con tantos huecos,
y al hacer gárgaras puede escapar el agua.
Al final todos terminan por caer,
como un derrumbe en una montaña.
Ahora ya me acostumbré a las caídas,
nunca me sorprenden ni me afectan.
Todavía me quedan veinte dientes,
que irán cayendo uno atrás de otro.
Si cada año cae uno, tengo para dos décadas.
Que caigan todos a la vez, sin embargo,
o poco a poco, en nada me cambia.
La gente dice: cuando los dientes caen,
significa que el final está cerca.
Yo digo: toda vida tiene un límite;
más temprano o más tarde, la muerte espera.
La gente dice: una boca desdentada es un espanto.
Yo digo lo que Zhuangzi dijo: también
el árbol inútil y el ganso tienen sus ventajas.
Así, quedarse en silencio es mejor que hablar,
y la comida blanda tiene su gusto!
Y puedo cantar cuando quiera y hacer este poema,
para sorprender a mi esposa e hijos.


Han Yu (768 - 824)

sábado 3 de diciembre de 2011

Entrevista en Bazar Americano



En el nuevo número de Bazar Americano hay una entrevista que me hizo Osvaldo Aguirre a propósito de Un país mental. Aquí el link
http://www.bazaramericano.com/reportajes.php?cod=5&pdf=si

jueves 8 de septiembre de 2011

miércoles 7 de septiembre de 2011

Vecinos

Mis vecinos. Nunca los invité a comer, nunca les pedí prestado dinero. Secretamente estoy decidido, si alguna vez tengo una hija, no casarla con ninguno de ellos, porque casi parece como si fueran parientes.

Puedo asegurar que ellos viven a mi lado (demasiado cerca, separados por una pared), pero no puedo asegurar si son unos pájaros, unos conejos o unos zorros (de la misma forma que no puedo asegurar qué cosa soy yo).

Intercambiamos puntos de vista acerca de los precios, el clima y el uniforme de la escuela, pero nunca acerca de una mujer que pasa por la calle. Intercambiamos cigarrillos y enfermedades. Seguiremos intercambiando cigarrillos y enfermedades.

Cada vez que pasa frente a mi puerta entreabierta, la mujer del otro lado echa un vistazo hacia adentro. Cierro la puerta, y puedo escucharla eructar como pasatiempo, igual que podría cantar como pasatiempo.

Ella y su esposo, en su departamento, sé que cada uno ocupa el rincón opuesto en diagonal al del otro: mantener la máxima distancia posible entre los dos les permite mantener la atmósfera alegre en la casa.

Pero debo admitirlo: no me importan sus problemas espirituales, si es que los tienen.

El vecino es un entrometido, escuchador subrepticio, un fisgón, un supervisor de la moral ajena. Puesto que superviso la moral del vecino tengo ocasionalmente un porte altanero; pero ellos, transmitiéndome las pequeñas noticias, me transmiten el espíritu de la época.

El espíritu de la época inspira al viejo Zhang a alquilarle el departamento a 3 muchachas. Las 3 se pintan como una puerta, a las tres les duele el estómago, las tres duermen de día; al atardecer se lavan la cara, a la noche se paran en la calle.

El espíritu de la época inspira al pequeño Li y al pequeño Li, varón con varón, a abrazarse en la cama, ríen juguetonamente, lloran, juguetean.

Mis tías, como abejas, hibernan en mi espalda, zumbando. Me doy vuelta y las veo reírse, me dan un paquete de veneno para ratas. Me preguntan: “Comiste?” Respondo: “Si comió el ratón ya está”.

Medianoche, los ratones rodean mi cama, me llaman en coro: “Hola, viejo vecino”. Los mando a todos a la mierda. En esta casa yo soy el que manda.

Hay goteras en mi casa, debe haber en todos las casas de los vecinos; se me corta la luz, se debe haber cortado en todas las casas vecinas. Camino en un ambiente de 38°, todos los vecinos caminan en un ambiente de 38°; me desvisto dentro mi casa, seguramente mis vecinos están haciendo lo mismo en sus casas.

Las paredes son muy delgadas, puedo escuchar que una familia del otro lado está viendo la telenovela “El espejo vacío”. Durante toda la noche me dedico a engrosar la pared, apilo una nueva pared. Al día siguiente a la noche sigo escuchando la canción del “El espejo vacío”.

Encogido dentro de mi casa, me mantengo varios días seguidos sin decir palabra, sin tararear, sin tirarme pedos, las mujeres del otro lado empujando la puerta entran para ver si me ha pasado algo.

miércoles 24 de agosto de 2011

Así que me amás




Doce de la noche, ya estás dormido, y yo todavía frente a la computadora tecleando estas palabras.
Así que me amás.

Durante un año entero viste la nieve colarse por las hendijas de la ventana, mientras el hogar acumulaba frío.
Así que me amás.

Atravesás el jardín de mi infancia, y aún descalzo escuchás los gritos de las hormigas. Alrededor no hay nada de viento.
Así que me amás.

Tal vez escribís, en el mejor de los casos unas novelas que parecen poesía, no creés en la religión, en el gobierno... No vas a darle un nombre concreto a ninguna cosa. No creés en el amor.
Así que me amás.

Un día te acordás de cuando eras chico, en la isla Yangma, la marea golpeaba una y otra vez contra las rocas el cuerpo de tu tío y un barco de pescador; más tarde ese ruido, en tus pesadillas, apareció en forma de golpes contra una puerta, pero en ese momento vos estabas jugando a un juego con tus amigos.
Así que me amás.

Los sueños extienden tus fluidos corporales, sueltan tus pensamientos, sólo el reloj permanece aún, después de ingresar en el sueño, en silencio igual antes
Así que me amás.

Mirás una y otra vez Trainspotting, te fascinan las drogas y el cargo de presidente: el poder supremo que tienen esas dos cosas
Así que me amás.

Es de noche, en medio de tu tristeza tomás té, observás las hojas durante un rato con el pequeño S., todavía no están prendidas las luces.
Así que me amás.

Caminás en algún lugar bajo la luz de la calle, caminás a la luz del sol, pero en ningún caso podés ver tu propia sombra.
Así que me amás.

En el pasado estuvimos frente a frente, vivimos cerca, pero los años que estuvimos sin conocernos son largos como una serpiente
Así que me amás.

Cuando cumplís 30 años, ya no ves los hechos de tu pasado como estrellas en el cielo; ellos tienen sus motivos para caminar de costado igual que cangrejos por la playa Heisha, y desenterrar un corazón herido por un antiguo amor. Tu madre dijo: es hora de que te cases.
Así que me amás.

Es hora de que te cases. Te enamoraste de mí como tirando una moneda.
Así que me amás.

Mi amor depende de vos.
Así que me amás.

Caminás muy despacio, porque estás viejo, así que me amás.
Digo: entonces vení.


(Yu Xiang, 1974)
Yu Xiang

sábado 6 de agosto de 2011

En camino a Guilin



La tierra está tibia, el otoño lejos aún,
sobre el río claro se refleja la luz del sol
poniente, el ruido de cigarras sin pausa
parece lamentar la partida del viajero.
En la aldea los perros se ladran unos a otros,
un monje vuelve solitario por la arena.
Miro con nostalgia hacia el noroeste,
y veo otra vez las perdices volando.

Li Shangyin (813-858)


地暖无秋色,
江晴有暮晖。
空余蝉嘒嘒,
犹向客依依。
村小犬相护,
沙平僧独归。
欲成西北望,
又见鹧鸪飞。
李商隐

martes 14 de diciembre de 2010

Destino





Cómo iba a saber entonces, hace diez años,
esa noche en el cumpleaños de un amigo en común
cuando me dibujaste con el índice de tu derecha
sobre mi palma izquierda el ideograma de tu nombre,
que esa marca, invisible, iba a quedar en mí,
que iba desde entonces marcado igual que un animal
para siempre. Se enfrió lo que me quemaba
y me quedé mudo, mirando por la ventanilla de un micro
los campos pelados del terrible invierno del norte,
pensando en matemáticas, en sumas y restas.
Te perdí el rastro y volví a encontrarlo de vuelta,
y a perderlo y a encontrarlo, una y otra vez:
tenías el pelo más corto, luego más largo de nuevo,
teñido de tal color, anillos en las manos,
y un tatuaje rústico con el nombre de un novio.
Todo esto pudo confundirme en la superficie
pero nunca dejé de pensar en lo que me dijiste esa noche
en el bar: otra vez tal vez, dentro de un par de años…
Pasaron diez años. Los dos seguimos escribiendo.
Leer tus poemas, cada vez más hermosos, me da escalofríos,
me emociona. Las hojas están bailando en la esquina
para recibir la primavera, los pájaros cruzan el cielo,
los campesinos instalan en las esquinas de la ciudad sus puestos
con fruta. Envuelto en la humareda leve del te
leo un destino ambiguo en las líneas de mi mano.

Meng Jiasheng